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La disciplina que me formó: el verdadero cinturón negro

El pasado sábado 21 de febrero de 2026 celebramos el 41 aniversario del Dojo Bella Vista.

Jose Gratereaux

Jose Gratereaux

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La disciplina que me formó: el verdadero cinturón negro

Ver la celebración llena de practicantes, sentir la energía en el tatami, abrazar a compañeros de años y presenciar la promoción de nuevos cinturones negros me removió muchas cosas por dentro. Cada cinturón representa horas interminables de práctica, disciplina, caídas, frustraciones y también victorias silenciosas que nadie ve. Yo comencé en las artes marciales a los 8 años, practicando karate. Era un niño lleno de energía, curioso, quizás sin entender del todo lo que significaba ese camino. Con el tiempo, ya adolescente, y por sugerencia de mis amigos del cole, cambié a jujutsu (Miyama Ryu Jujutsu) y desde 1996 ese camino se convirtió en parte de quien soy.

Lo que empezó con amigos, se transformó en algo mucho más profundo. Hoy no hablo solo de compañeros de práctica. Hablo de hermanos de vida. Hablo de un padre marcial, Shihan Julio Cordero, que me ha guiado con firmeza y ejemplo. Hablo de una madre marcial, Shihan Soraya Dujarric, cuya energía y entrega han sido inspiración constante. Hablo de vínculos que van más allá del tatami.

He tenido altas y bajas. Momentos donde la vida me alejó físicamente del dojo. Trabajo, responsabilidades, prioridades que cambian. Pero nunca me fui del todo. Nunca lo dejé en el corazón. Siempre volví. Porque cuando algo es parte de tu esencia, no importa cuánto tiempo pase,

te sigue llamando.

Y en ese camino también he tenido a mi lado a uno de mis hermanos de vida (echenique). Un amigo con el que he compartido desde el colegio hasta hoy. Hemos crecido juntos. Hemos cambiado, madurado, enfrentado retos. Ver su constancia, su disciplina, su carácter, me inspira profundamente. A veces uno no necesita discursos largos, solo necesita mirar al lado y recordar que no está solo.

Optar por el siguiente grado no es simplemente “subir de cinta”. Es reconocer el trabajo duro, el dolor acumulado, la sangre en los entrenamientos, el esfuerzo silencioso de muchos años. Es aceptar que el camino no ha sido fácil, pero ha valido cada segundo.

En diciembre de 2026 estaré optando por el grado de Kaiden. Solo escribirlo me llena de respeto. No es una meta superficial; es el resultado de casi tres décadas de práctica, desde aquel 1997 donde todo empezó con la inocencia de un joven que no imaginaba lo que este arte significaría en su vida.

A veces mi cuerpo me avisa que no puede. Que ya no tengo 18. Que las rodillas sienten, que la espalda reclama. Pero mi mente lo empuja. Porque sí se puede. Porque la resistencia no es ausencia de dolor, es avanzar a pesar de él. Porque la persistencia no es no caer, es levantarse cada vez.

El jujutsu me ha enseñado algo más grande que cualquier técnica: me ha enseñado a resistir. A mantenerme. A regresar. A no rendirme conmigo mismo.

Hoy, mirando hacia diciembre, no siento presión. Siento compromiso. Compromiso con mi historia. Con mis maestros. Con mis hermanos de tatami. Con mi familia. Con mis hijos. Con ese niño de 8 años que empezó en karate sin saber que estaba iniciando un camino para toda la vida.

El examen de Kaiden no será solo una evaluación técnica. Será una conversación conmigo mismo. Será demostrar que, a pesar del tiempo, las pausas y los retos, sigo aquí.

Y mientras tenga fuerza para poner un pie en el tatami, seguiré. Porque esto no es solo un deporte.

Es parte de mi vida.

Jose Gratereaux

Jose Gratereaux

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